lunes, 16 de diciembre de 2013

Días de colores

La verdad es que ni yo misma me entiendo. Unos días soy alegre, impulsiva, extravagante, colorista. Otros soy callada, tímida, tranquila, triste. Tengo días negros y días grises, amarillos y rosas. Incluso rojos, en los que si me miras probablemente te muerda.
Últimamente son rojos. Me estreso, me desespero, lloro y si me hablas acabarás deseando no haberlo hecho. Soy una borde de mucho cuidado. Mi lengua escoge las palabras que más duelen sin necesidad de pensarlas. Me dejo llevar por la ira. Creedme, nadie querría verme enfadada.
Hay días que me llaman las musas. Que todo tiene colores y el mundo es hermoso. Las nubes tienen formas. El cielo se tiñe de colores que me dejan mirándolo durante horas, solo para verlo cambiar. La música suena mejor. Mi bolígrafo recorre el papel y plasma mis pensamientos. Son días azules; como el cielo, como el mar, como el verano. Hacía mucho que no tenía un día de estos.
Me gustan los días grises. La idea de devorar libros y libros y ver miles de películas cuando en la calle hace frío es la más tentadora del mundo. Y la lluvia. Correr, saltar en los charcos, terminar chorreando. Dormirme mientras escucho una tormenta. La verdad es que necesito uno de estos días con urgencia.
Soy una persona complicada. Muchos días prefiero los libros a las personas. Me gusta estar sola pero no sentirme sola. Y me encanta perderme entre letras. Me gustan los libros, la música, las películas. Todo lo que es bello. Todo lo que está roto.
Me gustan las almas atormentadas, rotas, destrozadas. Soy fanática de las inseguridades. Amante de los personajes malvados, oscuros y misteriosos. La noche me fascina. El mundo cambia a la luz de la luna. La oscuridad me inspira. Pero también me encanta la luz. Adoro el sol, las nubes y los colores. La gente alegre y despreocupada. La gente feliz.
Y a estas alturas ya no sé ni lo que digo, ni de qué va la entrada. Lo único que sé es que las musas aparecen cuando les da la real gana y tienes que ponerte a escribir aunque sean las tres de la mañana. Quizás es culpa de mi estrés. Una vez leí en un libro que la felicidad desbordante se interpone en la visita de las musas. Por eso los poetas eran tan tristes. Por eso sólo escribimos cuando tenemos que dejar salir nuestra alma porque si no lo hacemos reventaríamos. Por eso nos gustan las canciones tristes. Por eso vengo aquí cuando necesito desahogarme. Porque aquí puedo estar triste sin que nadie intente animarme. A veces es bueno estar triste. Porque la tristeza nos enseña a apreciar todo lo que nos hace felices. Y una vez que te das cuenta, eres feliz. Y todos tus días son de colores.