miércoles, 24 de septiembre de 2014

Son las 23:19 de un miércoles por la noche y parece que mi vida tal y como la conocía se ha terminado. No os asustéis no me ha pasado nada grave pero ¿qué es la vida sin un poco de drama? Solo resulta que este desastre de persona que soy yo no va a ir este año a la universidad. Ya veis el drama. Resulta que no ofertan ninguna carrera que me interese para los pobres mortales que nos examinamos en septiembre. Duele, pero que yo sepa el mundo sigue adelante.
¿Estoy asustada? Oh, dios, ni os lo podéis imaginar. No tengo ni pajolera idea de qué va a pasar con mi vida. Pero bueno, la vida sigue y yo no tengo intención de quedarme atrás. Así que aquí está el plan: descubrir qué narices quiero hacer con mi puñetera vida.
He cambiado mucho. He cambiado desde que escribí mi patética primera entrada aquí y he cambiado desde que escribí mi patética última entrada en julio. Ya no sé qué quiero pero creo que va siendo hora de que lo averigüe. Y si tengo que poner mi vida patas arriba pues se hace y punto.
Y ahora son las 23:41 y la verdad es que he tardado más de lo que pensaba en escribir esta tontería. Pero, eh, no tengo otra cosa mejor que hacer así que creo que vais a tener que soportarme un poco más.Y mañana saldrá el sol y será un nuevo día y me olvidaré de lo mal que lo he pasado hoy. O por lo menos eso espero.

miércoles, 16 de julio de 2014

Hace 7 u 8 meses que no escribo porque no he tenido tiempo, o no he tenido ganas, o no he tenido inspiración. Y la verdad es que hoy solo necesito desahogarme y eso solo se me ocurre hacerlo aquí.
La verdad es que me repatea la vida, no sé si me entendéis. Últimamente me molesta todo. Pero para entender esto tenéis que saber que en algún momento de los últimos 4 años decidí, de manera inconsciente por supuesto, que me gustaba One Direction. Yo no sabía que ese grupo de tontos, porque son tontos y lo digo desde lo más profundo de mi corazón, se iba a convertir en el fenómeno mundial en el que se ha convertido. En resumen, que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo.
Pero la verdad es que aunque diga que ojalá se separen porque me tienen harta, significan mucho para mi. Gracias a ellos  he conocido a un montón de gente realmente increíble y he hecho tantas tonterías y cosas que me daban vergüenza o pánico que he perdido ya la cuenta. Creo que me han ayudado a ser más yo misma, si es que eso tiene sentido.
Puede que esteis pensando que loca porque digo que los quiero mucho y a la vez que estoy harta de ellos pero ambas cosas son verdad. Los quiero tanto que duele, los quiero tanto que fui a Madrid en coche (6 horas) y estuve 8 horas en una cola solo para verles, pero también estoy cansada. Se han convertido en un producto comercial, en una marca. Muy poca gente ya se interesa en ellos por su música. Casi todo el mundo ve a 5 chicos guapos que cantan, porque saben cantar de verdad, y pocas personas ven a esos 5 chicos que eran y siguen siendo tontos de la manera más adorable posible y se ganaron un hueco en mi corazón.
Otra cosa que les tengo que agradecer, y en parte no, es que eligiesen como teloneros a 5SOS. Mi historia con este otro grupo es más simple. Los escuché, los busqué y no hay día que no me arrepienta de ello. Osea si yo pensaba que estaba enamorada de One Direction no tenía ni idea de absolutamente nada.
5SOS me llegaron al alma, no sé si es porque son de mi edad, porque también son tontos o por qué. La verdad es que no tengo ni idea pero los adoro, puede que incluso más que a 1D. No sé, eso es más bien una disputa conmigo misma.
Bueno volvamos a que la vida me odia y yo la odio a ella. Debido a mi vida de fan histérica que yo no elegí pero de la que ya no me puedo librar, vivo en una frustración continua. Vivo en el culo del mundo, aquí no viene nadie si no es de veraneo. Todos los concierto de los grupos que me gustan son en Madrid o Barcelona y mis padres sobreprotectores se niegan a dejarme salir de una burbuja invisible que ellos han creado a mi alrededor para "protegerme" porque "no soy lo suficientemente mayor para cuidarme sola" aunque sea mayor de edad. Y odio a las mojabragas con toda mi alma. Yo comprendo que son guapos, guapísimos, preciosos, pero cuando solo te fijas en eso de una persona es estúpido. Es que no hay medida en el mundo capaz de abarcar lo superficial que eres. Ir a un concierto de alguien de quien solo te sabes dos canciones, probablemente quitándole el sitio a alguien que es fan, para mi es una cosa horrible. Y no digamos ya si te gustan por moda que ni pienso hablar de ese tema porque me repatea demasiado.
El otro día fui con unos amigos de compras y yo quería comprar el cd de 5SOS porque, no sé, me gusta tener los discos en físico y es mi manera de agradecerles todas las sonrisas que me sacan los días que me siento como una mierda. Y cuando les dije a mis amigas lo que iba a comprar una me miró con cara de superioridad. Osea, ¿quién te crees que eres? ¿Te crees mejor que yo porque a ti no te guste su música? Además de que nadie te ha pedido tu opinión y a nadie le importa si son comerciales o si son iguales que 1D, que no son ninguna de las dos cosas pero esa chica habla tanto que no hay forma humana de que yo pudiese dar mi opinión. Y la verdad es que si la próxima vez que la vea me dice algo sobre el tema la voy a mandar a la mierda de forma muy educada pero muy borde.
Luego está el tema de que las fans estamos enfermas. Porque si yo me dejo los ahorros para ver a mi ídolos o en un salón del comic estoy enferma o soy una friki. Pero si cualquier persona se los gasta en ir a ver un partido de fútbol (camiseta y bufanda del equipo incluidos y puede que hasta la cara pintada) es lo más normal del mundo. Si lloro porque he visto a mi grupo favorito la gente se ríe de mi, si alguien llora porque su selección ha perdido el mundial todo el mundo se compadece. Anda iros de paseo que me tenéis muy harta.
Y si a mi me da la gana estar triste después de un concierto o porque siento un cariño inexplicable hacia cualquiera de los miembros del grupo es cosa mía y de nadie más. Me tiene que importar a mi. Me da igual no ser "madura" o que me llamen loca o enferma. Me da exactamente igual lo que piensen de mi por la música que escucho. Me da igual y a todo el mundo debería darle igual también.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Días de colores

La verdad es que ni yo misma me entiendo. Unos días soy alegre, impulsiva, extravagante, colorista. Otros soy callada, tímida, tranquila, triste. Tengo días negros y días grises, amarillos y rosas. Incluso rojos, en los que si me miras probablemente te muerda.
Últimamente son rojos. Me estreso, me desespero, lloro y si me hablas acabarás deseando no haberlo hecho. Soy una borde de mucho cuidado. Mi lengua escoge las palabras que más duelen sin necesidad de pensarlas. Me dejo llevar por la ira. Creedme, nadie querría verme enfadada.
Hay días que me llaman las musas. Que todo tiene colores y el mundo es hermoso. Las nubes tienen formas. El cielo se tiñe de colores que me dejan mirándolo durante horas, solo para verlo cambiar. La música suena mejor. Mi bolígrafo recorre el papel y plasma mis pensamientos. Son días azules; como el cielo, como el mar, como el verano. Hacía mucho que no tenía un día de estos.
Me gustan los días grises. La idea de devorar libros y libros y ver miles de películas cuando en la calle hace frío es la más tentadora del mundo. Y la lluvia. Correr, saltar en los charcos, terminar chorreando. Dormirme mientras escucho una tormenta. La verdad es que necesito uno de estos días con urgencia.
Soy una persona complicada. Muchos días prefiero los libros a las personas. Me gusta estar sola pero no sentirme sola. Y me encanta perderme entre letras. Me gustan los libros, la música, las películas. Todo lo que es bello. Todo lo que está roto.
Me gustan las almas atormentadas, rotas, destrozadas. Soy fanática de las inseguridades. Amante de los personajes malvados, oscuros y misteriosos. La noche me fascina. El mundo cambia a la luz de la luna. La oscuridad me inspira. Pero también me encanta la luz. Adoro el sol, las nubes y los colores. La gente alegre y despreocupada. La gente feliz.
Y a estas alturas ya no sé ni lo que digo, ni de qué va la entrada. Lo único que sé es que las musas aparecen cuando les da la real gana y tienes que ponerte a escribir aunque sean las tres de la mañana. Quizás es culpa de mi estrés. Una vez leí en un libro que la felicidad desbordante se interpone en la visita de las musas. Por eso los poetas eran tan tristes. Por eso sólo escribimos cuando tenemos que dejar salir nuestra alma porque si no lo hacemos reventaríamos. Por eso nos gustan las canciones tristes. Por eso vengo aquí cuando necesito desahogarme. Porque aquí puedo estar triste sin que nadie intente animarme. A veces es bueno estar triste. Porque la tristeza nos enseña a apreciar todo lo que nos hace felices. Y una vez que te das cuenta, eres feliz. Y todos tus días son de colores.

viernes, 14 de junio de 2013

Creo que el blog se merece que le preste algo de atención, así que, a una semana de terminar los malditos exámenes que me tienen secuestrada (10 temas de lengua, en serio, eso no es normal) os voy a poner música porque es lo que pongo cuando tengo exámenes y hace mucho, mucho tiempo que no pongo.
Paramore, porque quizá después de todo este tiempo siga enamorada de ti...
5 Seconds of  Summer (más bien como 3 minutos y pico de felicidad para mi, los adoro).
Oh god, I'm sick of feeling alone...
Ganador del Factor X del año pasado, esta canción hacen que me ahogue cada vez que la canto.

domingo, 14 de abril de 2013

Casualidad

Lo conoció en su primer año en aquel internado, y por pura casualidad. Siempre pensó que fue la casualidad quien la llevó hasta ese compartimento del tren, que la llevó hasta él. Y es que, en ese momento, lo único que pensó fue que tener tantas pecas no debía ser bueno. Desde ese día fueron inseparables. Él siempre estaba allí para ayudarla con aquella redacción que tanto se le resistía, y ella siempre le ayudaba a estudiar para esos exámenes que tan nervioso le ponían. Con el tiempo se convirtieron en los mejores amigos. Ella iba a verlo a los entrenamientos y a todos los partidos; él pensaba que ella era su amuleto de la suerte. Cuando alguno de los dos estaba enfermo, el otro se pasaba todo el día en la enfermería, hasta que la enfermera lo mandaba a clase o a su habitación porque era muy tarde. Siempre que salían del internado, iban a la tienda de chucherías más famosa del pueblo y él le compraba el caramelo más grande que podía encontrar. Cada San Valentín, ella le ayudaba a esconderse del club de fans que se había formado gracias a que él era el capitán del equipo. Con el paso de los años, la gente empezó a pensar que eran pareja, incluso sus familias, pero ellos siempre lo negaban. Pero pasó lo que todo el mundo pensó que pasaría. Los abrazos se volvieron más largos y los besos en la mejilla cada vez se acercaban más a los labios. Los roces de manos en los pasillos dejaron paso a largas sesiones de besos en algún aula vacía o en los vestuarios. Ella todavía se ríe al recordar la primera vez que los pillaron en una de aquellas aulas, su pintalabios por todo el cuello de él y su camisa más abierta que cerrada. Él no se ríe al recordar la regañina de sus padres al enterarse. A estas alturas, ella ya había contado todas las pecas de su cuerpo. Pero todo esto terminó seis años después de haber empezado, cuando él terminó sus estudios y se marchó a otro país a trabajar. Ella lo amaba demasiado para pedirle que la antepusiera a su trabajo, así que le entregó su corazón y le dejó marchar. Siguieron en contacto, pero llegó el momento en el que los dos estaban demasiado ocupados para responder a las cartas que el otro escribía.
Pero parece ser que la casualidad que volvieran a encontrarse. Por eso, cuando recibió la invitación a la boda del hermano del que siempre había sido su mejor amigo, pensó que sería su oportunidad de volver a verlo. Y allí estaba ella, enfundada en un vestido rojo, hablando con gente a la que siempre había considerado familia y que la trataban como tal; pero él no aparecía. Lo que no fue casualidad fue que una mano se posara en su hombro, y que al darse la vuelta lo encontrase allí sonriendo. Y en ese momento , lo único que pensó fue que tener tantas pecas no debía ser bueno.

sábado, 23 de marzo de 2013

De besos calientes en noches frías.

Scarlet escaneó la habitación en su busca. Finalmente lo localizó en el otro extremo de la habitación, hablando con un par de chicos. Mantuvo sus ojos sobre él hasta que le correspondió la mirada. Scarlet apuró su bebida y, dejando la copa vacía en la barra, se dirigió a uno de los sillones vacíos que había en la zona más apartada de la fiesta. No tuvo que esperar mucho hasta que la figura de Eric se le acercó y le ofreció otra copa. Justo como ella había planeado. Ella la aceptó de buen gusto. Justo como él había planeado. Simplemente se sentaron juntos en aquél sofá, sin decir nada, mientras Eric acariciaba la pierna de Scarlet lentamente. Ninguno de los dos necesita pronunciar una sola palabra para saber lo que pensaba el otro. Los dos eran iguales. Él, mujeriego y narcisista; y ella, fría y manipuladora. Pero ambos se querían, se aceptaban como solo podían quererse y aceptarse en aquella sociedad llena de lujo, rumores y mentiras. Mientras Eric dibujaba formas sobre su pierna que ella no podía identificar, Scarlet recordó todo lo que habían pasado. Recordó traiciones, celos, rumores y mentiras. Discusiones con amigos y familiares. Y discusiones con él, porque eran almas gemelas, pero aun así peleaban. Pero no todo habían sido malos momentos. Recordó besos y caricias. Susurros y promesas. Miradas que significan "me encantas", nunca habían dicho "te quiero". Noches enredados entre las sábanas y noches perdidos entre las luces de la ciudad. Recordó la parte de atrás de la limusina de él donde tantas veces se habían besado; y aquél cabaret donde ella había bailado para él, porque la había retado a subirse al escenario. Recuerdos de besos calientes en noches frías.
Si algo estaba claro es que Scarlet y Eric se querían. Ellos lo sabían pero no querían admitirlo en voz alta. Porque para ellos el amor era un juego. Y admitirlo no marcaría un principio, marcaría un final. Porque ellos no eran una pareja normal. Y eso Scarlet lo sabía cuando sacó a Eric de la habitación. Quizá perdiese el vestido aquella noche, pero no estaba dispuesta a perderlo a él.

jueves, 21 de febrero de 2013

We all stare at the same sky

A veces le hablo a la luna.
No es porque quiera, simplemente sale solo.
A veces le cuento tonterías sin importancia.
Y otras veces le hablo de ti; que eres otra de mis tonterías, pero tú sí importas.
Le cuento lo guapo que estabas cuando te he visto esta tarde.
Le cuento lo que provoca en mi una de tus sonrisas.
Le cuento como me miras cuando me muerdo el labio.
Quizás ya te has dado cuenta de que es por ti.
Y mientras le cuento a la luna sobre ti, miro al cielo.
Y simplemente me pregunto si tú estarás mirando las estrellas.